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Tipo de cambio fijo


¿Qué es el tipo de cambio fijo?

Es un régimen de tipo de cambio en donde el valor de una divisa se relaciona con el valor de otra divisa, de una cesta de divisas o de otra medida del valor, tales como el oro.

La divisa sometida a un régimen de tipo de cambio fijo es conocida como divisa fija. Un tipo de cambio fijo se utiliza generalmente para estabilizar el valor de una divisa frente a la divisa a la que está vinculada. Esto hace que el comercio y las inversiones entre los dos países sea más fácil y más previsible, y es especialmente útil para pequeñas economías en las que el comercio exterior forma una gran parte de su PIB.

También puede ser utilizado como herramienta para controlar la inflación. No obstante, no significa que el valor de la divisa sea fijo, pues dicho valor variará con las fluctuaciones del valor de la divisa de referencia. Además, de acuerdo con el modelo Mundell-Fleming, en un contexto de movilidad perfecta de capitales, un tipo de cambio fijo impide que un gobierno utilice la política monetaria nacional a fin de lograr la estabilidad macroeconómica. No hay apenas grandes economías que utilicen un tipo de cambio fijo según los datos publicados por el FMI.

No obstante, en ciertas situaciones, los tipos de cambio fijo pueden ser preferibles por su mayor estabilidad: por ejemplo, tras la recesión económica que siguió a la Segunda Guerra Mundial el sistema seguido con los acuerdos de Bretton Woods permitió a Europa occidental recuperarse de forma estable manteniendo tipos de cambios fijos respecto al dólar estadounidense hasta 1970.

Mantenimiento del tipo de cambio fijo

Por lo general, un gobierno que desee mantener un tipo de cambio fijo, o estable dentro de un cierto rango, lo hace comprando o vendiendo su propia divisa en el mercado de divisas. Esta es una de las razones por la que los gobiernos mantienen grades reservas de divisas. Si el tipo de cambio se desplaza muy por debajo del valor deseado, el gobierno compra su propia divisa en el mercado con sus reservas. Esto lleva a una mayor demanda en el mercado y empuja hacia arriba el precio de la moneda. Si el tipo de cambio se desplaza muy por encima de la velocidad deseada, el gobierno vende su propia moneda, lo que aumenta sus reservas de divisas.

Otra forma menos utilizada de mantener un tipo de cambio fijo es mantener por parte del gobierno un monopolio del mercado de cambio de su divisa, lo que implica que la oferta monetaria tiene un origen completamente endógeno. Esto es difícil de aplicar y lleva a menudo a un mercado negro de divisas. Sin embargo, algunos países tienen mucho éxito en el uso de este método. Este fue el método empleado por el gobierno chino para mantener un tipo de cambio fijo frente el dólar estadounidense. A lo largo de la década de 1990, China tuvo un gran éxito en el mantenimiento de un tipo de cambio fijo con el monopolio del gobierno sobre toda la conversión de divisas entre el yuan y otras monedas.

Críticas al tipo de cambio fijo

La principal crítica a un tipo de cambio fijo es que un tipo de cambio flotante (o flexible) ajusta automáticamente la Balanza comercial. Cuando se produce un déficit comercial, habrá mayor demanda de los extranjeros (en lugar de nacional) de divisa que impulsará el precio de la moneda extranjera en términos de divisa nacional. Que a su vez hace que el precio de las mercancías extranjeras tengan menos atractivo para el mercado interno y, por lo tanto, lleva a disminuir el déficit comercial. Bajo tipos de cambio fijos, este reequilibrio automático no se produce.

Los gobiernos también tienen que invertir muchos recursos en obtener las reservas de divisas con el fin de defender el tipo de cambio fijo. Por otra parte, un gobierno, al tener un tipo de cambio fijo en lugar de dinámico, no puede utilizar la política monetaria y la política fiscal de forma libre. Por ejemplo, mediante el uso de herramientas de reactivación de la actividad económica (por la disminución de los impuestos e inyección más dinero en el mercado) con un tipo de cambio fijo se corre el riesgo de llegar a un déficit comercial ya que aumentaría el poder adquisitivo, a la vez que aumenta la inflación y las importaciones se hacen más baratas.

Además, la persistencia de un gobierno en la defensa de un tipo de cambio fijo, cuando tienen déficit comercial, le obliga a utilizar medidas deflacionarias (aumento de los impuestos y menor disponibilidad de dinero, vea deflación) que pueden conducir a un aumento del desempleo.

Vea también: tipo de cambio flexible - tipo de cambio